La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de las Naciones Unidas, confirmó que el fenómeno de El Niño se está intensificando rápidamente y advirtió que continuará fortaleciéndose durante el período comprendido entre agosto y octubre. En ese contexto, alertó que, combinado con el calentamiento global, aumentan las probabilidades de lluvias intensas, crecidas de ríos e inundaciones en distintas regiones del mundo, incluida la Argentina.

Según el organismo, los indicadores observados en el Pacífico oeste confirman las proyecciones difundidas meses atrás y muestran que el fenómeno evoluciona con rapidez.

La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) estima que sus efectos se extenderán desde el final del invierno hasta marzo de 2027.

La secretaria general de la OMM y exdirectora del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), Celeste Saulo, sostuvo que el episodio actual presenta características particulares porque se desarrolla en un escenario de temperaturas oceánicas récord y de cambio climático.

"El Niño es uno de los fenómenos climáticos más monitoreados del mundo. Pero los pronósticos, por sí solos, no previenen los peligros; las personas sí. El desarrollo de este El Niño, en un contexto de calor oceánico sin precedentes y temperaturas en aumento, brinda a gobiernos y comunidades una ventana de oportunidad para anticipar riesgos y actuar antes de que se manifiesten los impactos", afirmó.

Qué efectos se esperan en el mundo

La OMM aclaró que los impactos de El Niño dependen de distintos factores, entre ellos su intensidad, la duración, la época del año en la que se desarrolla y su interacción con otros fenómenos de variabilidad climática, como el Dipolo del Océano Índico. Por ese motivo, no todas las regiones experimentan los mismos efectos.

La Actualización Climática Estacional Global prevé para este año una probabilidad muy alta de temperaturas superiores a los valores normales en la mayor parte de las áreas continentales.

Las anomalías térmicas más importantes abarcarán África, el sur de Europa, la península Arábiga, el subcontinente indio, el este de Asia, América Central, el Caribe, el sur de África, gran parte de Sudamérica y Nueva Zelanda.

En cuanto a las precipitaciones, el informe anticipa condiciones más húmedas de lo habitual en el Gran Cuerno de África, sectores de Asia Central, el sur de Europa, el oeste de América del Norte al sur de los 45 grados de latitud norte y el sudeste de Sudamérica.

En cambio, serían más probables condiciones más secas que lo normal en el subcontinente indio, el sur y este de Australia, el sur de América Central, partes del Caribe, el noroeste de Sudamérica y el norte de Europa.

Qué puede ocurrir en la Argentina

En la Argentina, los efectos de El Niño varían según la región. 

En el Litoral, la Cuenca del Plata y gran parte del centro del país aumentan las probabilidades de lluvias por encima de lo normal y, en consecuencia, también el riesgo de crecidas de ríos e inundaciones.

En la región de Cuyo, en tanto, el fenómeno podría contribuir a aliviar la sequía que afecta a la zona desde hace más de 15 años, aunque ese escenario dependerá de la intensidad que alcance durante el invierno.

El Niño y el cambio climático

La OMM recordó que El Niño y el cambio climático son fenómenos diferentes y tienen orígenes independientes.

El primero se produce por la interacción entre los vientos alisios y el océano Pacífico ecuatorial. Habitualmente esos vientos soplan de este a oeste, pero durante determinados períodos se debilitan, favoreciendo el calentamiento del océano y desencadenando una serie de procesos que modifican el clima a escala global.

Hace unas semanas, el director del Servicio Meteorológico Nacional, Pedro Di Nezio, explicó que estas fluctuaciones son impredecibles y que, cuando ocurren dos o tres episodios consecutivos, el calor acumulado en el océano asciende hacia la atmósfera y desencadena El Niño.

"Son cambios impredecibles y aleatorios. Normalmente corren de este a oeste, pero este año se debilitan. Estas fluctuaciones duran un mes, y cada una va calentando un poco más el océano por debajo de la superficie, en especial en una franja a la altura del Ecuador. Y ese calor se va acumulando", describió.

Según el especialista, ese proceso genera un efecto de retroalimentación: el calor del océano debilita aún más los vientos y esos vientos, a su vez, favorecen un mayor calentamiento del agua.

El Niño y La Niña representan las dos fases opuestas del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), uno de los principales responsables de la variabilidad climática interanual.

Estos episodios suelen presentarse cada dos a siete años, duran entre nueve y doce meses, comienzan a desarrollarse entre marzo y junio, alcanzan su máxima intensidad entre noviembre y febrero y ejercen su mayor influencia sobre las temperaturas globales durante el año siguiente a su inicio.

En paralelo, existe un amplio consenso científico respecto de que el cambio climático está elevando la temperatura global como consecuencia del aumento de la concentración de dióxido de carbono (CO₂) y otros gases de efecto invernadero.

Una atmósfera más cálida puede contener más humedad y energía, lo que favorece la ocurrencia de tormentas más intensas, vientos más fuertes y un mayor riesgo de inundaciones, aunque esos efectos no se manifiestan con la misma intensidad en todas las regiones.

La advertencia de la ONU y la respuesta de la Argentina

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que el fortalecimiento de El Niño agrava un escenario climático ya afectado por el calentamiento global.

"El Niño no solo está llamando a nuestra puerta: ya está dentro de la casa y está subiendo la temperatura. Y esto es apenas el acto de apertura. El Niño se está fortaleciendo y añade combustible a un planeta que ya arde bajo domos de calor abrasadores, incendios forestales apocalípticos y mares con temperaturas récord. Los combustibles fósiles están avivando las llamas de esta crisis. Su expansión debe detenerse. Más carbón, petróleo y gas conducirán a un futuro aún más inflamable", sostuvo.

Frente a este escenario, el Gobierno argentino puso en marcha en mayo pasado una estrategia de coordinación nacional y semanas atrás presentó el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026/2027.

El programa, encabezado por la Agencia Federal de Emergencias (AFE), dependiente del Ministerio de Seguridad, busca coordinar acciones de prevención y respuesta frente a tormentas extremas.

El principal foco de trabajo está puesto en la cuenca del Río de la Plata, integrada por las provincias de Misiones, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, considerada por los pronósticos como la región de mayor riesgo.

La anticipación será determinante para reducir las consecuencias del fenómeno. "Las decisiones que tomemos hoy determinarán los impactos que experimentaremos mañana. La OMM y sus Miembros están comprometidos a garantizar que la información climática confiable y pertinente llegue a quienes más la necesitan", concluyó.